Cuenta la leyenda que cuando Lao Tse (que en chino quiere decir “viejo sabio”) decidió abandonar su puesto de bibliotecario en la corte imperial para retirarse hacia las tierras del oeste fue detenido por el guardián de la muralla quien le dijo:
“no
te dejaré seguir tu viaje hasta que no me escribas todo lo que sabes”-
Y
así es como apareció el libro del Tao.
Vamos
a ver cuál es la base del Tao y que nos puede aportar a nuestra vida un poco de
visión taoísta.
Se
dice que el Tao es un camino de alquimia interior, un camino iniciático y como
tal no puede ser explicado, y menos por escrito, a todo el mundo, de manera que
un verdadero maestro taoísta nunca lo haría, pero aprovechando que quien esto
escribe no es más que un aficionado en busca de verdades prácticas que
funcionen se va a hablar un poco de ello.
El
taoísmo supuso en China la corriente opuesta al confucionismo de manera que
vamos a empezar por ver el punto en que se encuentran y en el que se separan. Y
ese concepto lo forma lo nombrado.
Todo
lo que existe puede ser nombrado (tiene un nombre) y todo lo que tiene un
nombre, existe. Vaya que, si mira a su alrededor todos los objetos, a todo lo
existente le asociamos un nombre y viceversa, para que algo pueda tener un
nombre debe existir.
Ahora
bien, nombrar algo supone categorizarlo, es decir darle unos atributos pues una
cosa que existe no puede ser algo y su contrario a la vez. Por ejemplo, si
ponemos la categoría de justo al nombre “padre” no se le puede poner también la
de “injusto”. En definitiva, todo cuanto existe, todo cuanto puede ser
nombrado, tiene su contrario.
Para
Confucio resulta importante o mejor dicho imprescindible, saber qué representa
cada nombre, es decir cuáles son las características que se le atribuyen. Así
si llenamos de contenido la palabra “padre” con los conceptos de: protector de
los hijos, respetabilidad, magnanimidad, justicia etc., bastará que quien sea
padre se dedique a cumplir con ese contenido y los mismo puede extenderse a
todos los nombres. Para que la sociedad funcione es preciso que el padre sea
“padre”, el hijo, “hijo”, el gobernante “gobernante” etc. suponiendo el
entrecomillado las características asociadas a cada nombre.
Ahora
bien, si busco un concepto por encima de los otros, digamos si queremos
encontrar una especie de Absoluto, no podemos categorizar a este, no podemos
darle cualidades concretas pues este absoluto no permite que haya contrarios ya
que en este caso no sería la totalidad, en consecuencia, este Absoluto que
engloba todo no puede ser nombrado, de ahí que nos diga el libro del Tao:
El
tao que puede ser nombrado no es el verdadero Tao
Para
ponerlo en términos más cercanos: el Dios Absoluto no puede tener contrarios.
Esto lo dijo el filósofo cristiano Nicolás de Cusa ya en la Edad Media pero por
nuestra cultura hemos seguido haciendo un Dios a imagen y semejanza del hombre,
cargándolo de atributos. Hasta hemos hecho un contrincante a Dios en la figura
del diablo y las religiones hablan de justicia divina para justificar lo que
ellas creen es la justicia en la tierra sin mirar más allá que el concepto Dios
no puede ser justo pues si Dios lo es todo en ese todo se incluye también la
injusticia.
Dicho
mal dicho, o de una manera poco exacta, el Tao sería similar al concepto de
Dios en cuanto absoluto, pero sin darle los caracteres normativos de otras
religiones. Incluso el mismo nombre de Tao es tan solo una triquiñuela cómoda
para entendernos, pero no es una definición identitaria como a las que estamos
acostumbrados en nuestro pensamiento.
Entender
al Tao supone así situarse dentro de este absolutismo en donde los contrarios
se tocan, en donde no hay opuestos. El bien y el mal no son más que conceptos
relativos a algo y la historia de la humanidad nos lo recuerda en multitud de
ocasiones. Hoy en día nos escandalizamos cuando en un conflicto bélico hay
ataques a la población civil, pero hace algunos siglos era normal pasar a
cuchillo al enemigo y hasta se celebraban las matanzas. Moralmente ahora es
normal ver mujeres en topless en las playas, pero hace menos de medio siglo eso
hubiera sido un escándalo. Y ejemplos de estos tenemos tantos como queramos
buscar. En resumen, bien / mal son conceptos relativos y como el Tao está por
encima de toda relatividad, es el absoluto, el taoísta no los considera.
Ahora
bien, el taoísta va más allá y se da cuenta que si eso que hemos llamado para
entendernos Tao lo es todo pues nada puede ser fuera de el mismo, nosotros
somos expresión del Tao. Es decir que el principio de divinidad interior de la
new age tiene unos cuantos miles de años de antigüedad. Y llegar a este punto
es el proceso de alquimia interior. ¿Quién soy yo? No soy mi cuerpo, ni mis
emociones, ni mis pensamientos. En consecuencia, quien llega a aceptar esto no
se ve turbado por sus emociones y no porque carezca de ellas o las controle
como proponen otras creencias sino porque está por encima de su individualidad,
está por decirlo, en palabras que suenan más a los occidentales, por encima del
bien y del mal. Menos aún le preocupa al taoísta la muerte, porque sabe que no
es un cuerpo, y no se identifica con una individualidad.
Pero
esa pregunta de ¿Quién soy yo? Que se ha hecho antes ha sido una trampa
explicativa, en realidad un taoísta nunca se la formula porque para él ser y no
ser son lo mismo. Pero para no perdernos en temas un tanto abstractos vayamos a
ver el enfoque que le dan al hacer del hombre a nuestra actuación en este
plano.
El
taoísta no pretende escaparse de esta realidad mundana a pesar que pueda
parecer lo contrario, sino que se dedica a observar y participar en el proceso
del mundo. Y así se apercibe que las acciones se suceden en búsqueda de la
armonía. En consecuencia, seguir el Tao es alinearse a favor de esta armonía y
ello se consigue por dos principios:
– el
wu – wei
– la espontaneidad
La
palabra wu – wei ha sido traducida como “el no hacer” pero ello no supone una
visión pasiva de la vida, sino el actuar en colaboración con esa armonía que
persigue el Tao. Ello solo puede conseguirse cuando la acción es independiente
del resultado y en ello se asemejan al Bhagavad-Gita con su principio de actuar
sin deseo. Vaya que la acción virtuosa del ser humano no se mide por el
resultado de lo perseguido sino por la propia acción que en función que lleve a
la armonía se plasma en realidad y no lo hará en caso contrario, pero todo ello
visto desde un enfoque atemporal, fuera del tiempo.
El
taoísta es un ácrata, un anarquista pasivo, pues todo gobierno todo intento
institucional persigue un fin concreto y si queremos imponer algo concreto
estamos yendo contra el principio de armonía. En consecuencia, la visión de
Confucio de regir la sociedad está totalmente en contra con el fundamento del
taoísta. Ello explica que muchos taoístas fueran ermitaños, pero ello no es
condición indispensable pues para el taoísta todo es correcto para llevar a la
armonía y no hay norma alguna para fijarla.
En
cuanto a la espontaneidad esa es la única manera de ser libres y como todo
conocimiento define y limita el taoísta huye del mismo. De ahí que ni siquiera
su doctrina o principios estén definidos de manera concreta, sino que cada uno
debe extraerlos desde su espontaneidad. Es por ello que antes hemos empezado
diciendo que un taoísta nunca escribiría sobre esto a nivel global y para
todos, pero de la misma manera ningún maestro taoísta me diría que esto está
mal, pues sencillamente el bien y el mal no existen y escribiendo desde la
espontaneidad ya estoy en armonía con el Tao.
La
espontaneidad es la única manera de ser uno mismo, el conocimiento es ser a
través de los demás.
Habría
por supuesto mucho más que decir sobre el Tao, como el concepto del vacío, pero
vayamos ya al aspecto práctico que un enfoque taoísta puede dar a nuestras
vidas.
Nosotros
nos preocupamos por todo. Por la crisis económica del momento, por la salud,
por los nuestros, etc. Un taoísta no se preocupa por nada. Sabe que la crisis
no es más que búsqueda de la armonía después de locuras de crecimiento, sabe
que nuestra salud es el ajuste de nuestro cuerpo a la búsqueda de la armonía
interna (véase La enfermedad), sabe que los seres queridos tienen que vivir sus
circunstancias propias ya que todo responde a la búsqueda del equilibrio y en
consecuencia el taoísta NO TEME, vive sin miedo, aceptándolo todo. Y de esta
manera ese enfoque le permite, dando una definición occidental, ser feliz.
Ser
taoísta no es ser pasota, sino que permite aceptarlo todo (wu-wei), empezando
por uno mismo (concepto de espontaneidad) y así vivir en un plano más allá del
bien y del mal, por encima de juicios, circunstancias y limitaciones que
simplemente no existen salvo en nuestra consciencia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario