Día 7: Domingo
ORDEN DIVINO
Cuando arreglo una habitación, un escritorio lleno de
libros, un armario repleto de infinidad de objetos, me doy cuenta que muchas
cosas no estaban en su lugar.
Busco el orden de las cosas y observo que todo el espacio
que estaba aparentemente ocupado, queda libre. Esto abre nuevos vacíos, que si
son bendecidos, traen con toda seguridad la mayor armonía y provisión.
Así es mi vida. Si deseo prosperar, sé que en ningún
momento Dios me lo va a negar; pero primero debo establecer Orden Divino en mi
vida, con los que me rodean, en mis pensamientos y sentimientos y, sobre todo
en mis hábitos diarios.
Hoy pido a mi Celestial Padre, me enseñe a vivir en Orden
Divino, para que así gane el derecho de conciencia de invocar en mi vida este
principio y establecerlo cuando es necesario, especialmente cuando necesito
armoniosamente usar la Ley para llenar vacíos.
Hoy busco pensar en Orden Divino, sentir en Orden Divino,
hablar en Orden Divino, amar en Orden Divino… VIVIR EN ORDEN DIVINO. Que
este Orden Divino que me beneficia y me cobija con su paz, también sea la
bendición que se expande hacia toda la humanidad. Gracias Glorioso y Amado
Padre Nuestro. Amén.
PRÁCTICA
HOY PUEDES CREAR VACÍOS
Este día es de gran energía y fuerza creadora. Puedes
poner en práctica las enseñanzas de este libro, buscando algo que necesites en
casa. Piénsalo bien, que no sea algo caprichoso o porque se te ocurrió
locamente. Recuerda que un verdadero vacío es una necesidad, este es el único
requisito indispensable.
Si lo que pides no es algo sinceramente necesario, estás
perdiendo tu tiempo y energía. Ten en cuenta que lo que pidas debe estar dentro
del Orden Divino.
Te daré un ejemplo para que tengas una buena idea de cómo
practicar la forma de llenar los vacíos. Ante todo “EL UNIVERSO NO SOPORTA LOS
VACÍOS”. La Ley Universal llena todo vacío con lo primero que se califique. Si
tú te quejas, tu pensamiento estará calificado negativamente y de esa misma
correspondencia se llenará el vacío. Así que ten mucho cuidado con lo que
piensas. Bueno, vamos entonces al ejemplo.
Imagina que en tu casa hay solamente un televisor, el
cual es bastante antiguo, a blanco y negro y vive molestando continuamente.
Para que funcione tiene sus mañitas, como esperar cuatro minutos a que caliente
y prenda, cuadrar la pantalla con tres golpes y apagarlo cada dos horas para
que se enfríe.
Todos los vecinos tienen hace mucho tiempo su televisor a
color; las visitas se burlan de tu televisor y tu ánimo por ver los programas
de fin de semana se te ha bajado.
Cuando todos te dicen que compres un televisor nuevo, tú
replicas que has ahorrado, pero algo pasa y falla la compra. Realizaste
inclusive varios servicios espirituales para obtener el dinero y comprarlo,
pero hasta la fecha el dicho televisor Nuevo.
No ha aparecido. ¿Te suena esto parecido con alguna cosa
que has deseado mucho tiempo?
No creo que aparezca nunca hasta que no cambies tu
actitud y uses sabiamente la Ley universal. Lo primero es pensar: “este
televisor ya no lo necesito, lo devuelvo a la fuente”. Luego véndelo fácil,
regálalo a un amigo, dónalo o colócalo en el cuarto de tu empleada para que se
distraiga y tenga algo más, fuera de su transistor.
Esto, para desocupar la mesa donde estaba el aparato y
crear el vacío donde deberá ser llenado por tu nuevo y hermoso televisor a
color. No lo dudes, no temas a la forma de pago, no dudes de tu derecho de
conciencia para poseerlo, simplemente realízalo.
Ya con la mesa desocupada, coloca tus manos sobre ella, e
invoca a la Divina Presencia de Dios y en su nombre declara que el espacio sea
llenado con un televisor. Descríbelo como lo quieres e imagínalo, dando gracias
a Dios por la bendición de tu regalo.
Procura sentarte en esos días frente a la mesa; siente el
vacío y luego cierra tus ojos y visualiza el televisor nuevo encendido, con un
magnífico programa y toda la familia rodeándote, felices de su nuevo televisor;
luego da a Dios las gracias y siente con certeza que te va a llegar. Lo más
seguro es que pronto te vendrá, y tal vez, en la forma en que menos imaginabas.
Procura empezar, mientras aprendes, con cosas pequeñas.
Las primeras prácticas deben ser con un solo pedido hasta que se cumpla.
Recuerda: “LA PRÁCTICA HACE AL MAESTRO”. No te desanimes si al comienzo no es
tan rápido como esperas; persevera y alimenta la seguridad en ti mismo y la fe
en la Divina Presencia de Dios. Como todo, hay que ganar la experiencia. ¡Tú
puedes hacerlo! Luego cuéntame cómo te fue.
Solange.






