30 de septiembre de 2024

Artabán: El Cuarto Rey Mago que nunca llegó a adorar al Niño Jesús

Como cada año se espera la llegada de los tres Reyes Magos para la madrugada de este 6 de enero. Cuenta la tradición que los reyes viajaron desde el lejano oriente guiados por una estrella y cargados con regalos para ofrecer al Mesías que nacería en Belén.

Melchor, Gaspar y Baltazar, llegaron a tiempo al pesebre donde nació Jesús y entregaron los regalos que traían para adorarlo: Oro, incienso y mirra.

Sin embargo, pocos saben que en realidad eran cuatro los reyes magos que debieron haber llegado aquella noche a Belén, pero, ¿Qué pasó con el cuarto rey mago?

Artabán era el nombre del rey que jamás conoció a Jesús.

Su historia se encuentra en algunos textos antiguos, que dan cuenta del largo camino que recorrió buscando a Jesús, para entregarle el regalo que debió haberle obsequiado la noche en que nació.

Artabán junto con Melchor, Gaspar y Baltazar, habían hecho planes para reunirse en Borsippa, una antigua ciudad de Mesopotamia desde donde iniciarían el viaje que les llevaría hasta Belén para adorar al Mesías.

El cuarto rey mago llevaba consigo una gran cantidad de piedras preciosas para ofrecer a Jesús, pero cuando viajaba hacia el punto de reunión encontró en su camino a un anciano enfermo, cansado y sin dinero. Artabán se vio envuelto en un dilema por ayudar a este hombre o continuar su camino para encontrarse con los otros reyes. De quedarse con el anciano, seguro perdería tiempo y los otros reyes le abandonarían. Obedeciendo a su noble corazón, decidió ayudar a aquel anciano.

El tiempo había pasado y en el punto de reunión no encontró más a sus tres compañeros de viaje.

Decidido a cumplir su misión, emprendió un largo camino sin descanso hasta Belén para adorar al niño, pero al llegar, Jesús había nacido y José y María estaban rumbo a Egipto, escapando a la matanza ordenada por Herodes.

Artabán emprendió entonces un viaje en el que, por donde quiera que pasaba, la gente pedía su auxilio, y él, atendiendo siempre a su noble corazón, ayudaba sin detenerse a pensar que el obsequio de piedras preciosas que cargaba, poco a poco se reducía sin remedio. En su andar, Artabán se preguntaba: ¿Qué podía hacer si la gente le suplicaba por ayuda? ¿Cómo podría negarle ayuda a quien la necesitaba?

Así pasaron los años y en su larga tarea por encontrar a Jesús ayudaba a toda la gente que se lo solicitaba.

Treinta y tres años después el viejo y cansado Artabán llegó por fin a donde los rumores le habían llevado en su larga búsqueda por Jesús. La gente se reunía en torno al monte Gólgota para ver la crucifixión de un hombre que, decían, era el Mesías enviado por Dios para salvar las almas de los hombres. Artabán no tenía duda en su corazón, aquel hombre era quién había estado buscando durante todos esos años.

Con un rubí en su bolsa y dispuesto a entregarla joya pese a cualquier cosa, Artabán encaminó sus pasos hacia aquel monte, sin embargo, justo frente a él apareció una mujer que era llevada a la fuerza para ser vendida como esclava para pagar las deudas de su padre. Artabán la liberó a cambio de la última piedra que le quedaba de su basto tesoro.

Triste y desconsolado, nuestro cuarto rey mago se sentó junto al pórtico de una casa vieja. En aquel momento, la tierra tembló de forma brusca y una enorme piedra golpeo la cabeza de Artabán. El temblor aquel anunciaba la muerte de Jesús en la Cruz.

Moribundo y con sus últimas fuerzas, el cuarto rey imploró perdón por no haber podido cumplir con su misión de adorar al Mesías. En ese momento, la voz de Jesús se escuchó con fuerza: Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste. Artabán, agotado, preguntó: ¿Cuándo hice yo esas cosas? Y justo en el momento en que moría, la voz de Jesús le dijo: Todo lo que hiciste por los demás, lo has hecho por mí, pero hoy estarás conmigo en el reino de los cielos.

Por: David Rivera

23 de septiembre de 2024

Los árboles sanadores de la Madre Tierra

Tradicionalmente, en multitud de culturas, los árboles son considerados como el eje vertical de toda la vida en la tierra. Sensibilizarnos con esa energía, despertar nuestro cuerpo y nuestra conciencia hacia ellos es un aprendizaje y una práctica sanadora que nos lleva a encontrarnos con nuestra energía primigenia y nos conecta con una sensación vibrante de limpieza interna. Muchos de los trastornos de los seres humanos que viven en ciudades desaparecerían con un simple paseo por la naturaleza.

Antiguamente se creía que cada árbol poseía un espíritu propio con una energía especial que es capaz de transmitir a su alrededor y las personas buscaban esta energía para lograr el equilibrio. Los beneficios de abrazarse a un árbol son incontables, misteriosos pero fáciles de verificar si les prestamos atención, si los observamos y nos comunicamos con ellos mirándolos, en silencio.

Nos cargan de buenas vibraciones y nos dan su energía de manera natural. Los árboles nos ayudan a establecer contacto con el poder de la naturaleza de manera fácil y bella, nos relajan y nos llenan de una energía pura.

Elección de un árbol con el que trabajar

Los libros del Tao llamados Mantak Chia y Maneewan Chia hablan de que a lo largo de la historia, los seres humanos han usado todas las partes del árbol como remedio para curar. Y llegaron a algunas conclusiones respecto a los distintos árboles y su capacidad de sanar a los humanos. Los árboles grandes son los que contienen más energía. Entre los más poderosos se encuentran los árboles que crecen junto al agua corriente. Algunos son más cálidos o fríos que otros. Hay que practicar para distinguir las diversas propiedades de los diferentes árboles.

Las 14 especies de árboles que al abrazarlos sanan diversas partes del cuerpo:

Los Pinos

Los pinos irradian energía, nutren la sangre, fortalecen los sistemas nerviosos y contribuyen a prolongar la vida. También alimentan el alma y el espíritu.
Los pinos son llamados los “Arboles Inmortales”. La poesía y la pintura china antiguas están llenas de admiración por los pinos. Si bien los pinos son a menudo la mejor elección, se pueden usar muchos otros árboles o plantas.

Ciprés y Cedros

Los cipreses y los cedros reducen el calor y nutren la energía.

Sauces

Los sauces ayudan a eliminar los vientos malsanos, a liberar la humedad excesiva del cuerpo, a reducir la alta tensión sanguínea y a fortalecer el aparato urinario y la vejiga.

Olmos

Los olmos tranquilizan la mente y fortalecen el estómago.

Los Arces

Los arces persiguen a los vientos malsanos y ayudan a mitigar el dolor.

Las Acacias

Las acacias blancas ayudan a eliminar el calor interno y a equilibrar la temperatura del corazón.

Higuera de Bengala

Las higueras de Bengala limpian el corazón y ayudan a eliminar la humedad del cuerpo.

Los Canelos

Los canelos eliminan el frio del corazón y del abdomen.

Los Abetos

Los abetos ayudan a eliminar cardenales (enfermedad), a reducir la hinchazón y a curar los huesos rotos más rápido.

Los Espinos

Los espinos ayudan en la digestión, fortalecen los intestinos y reducen la tensión sanguínea.

Abedul

Los abedules ayudan a eliminar el calor y la humedad del cuerpo y a desintoxicarlo.

Ciruelo

Los ciruelos nutren el bazo, el estómago, el páncreas y tranquilizan la mente.

Higuera

Las higueras eliminan el exceso de calor del cuerpo, aumentan la saliva, nutren el bazo y ayudan a detener la diarrea.

Los ginkgos

Los ginkgos ayudan a fortalecer la vejiga y alivian los problemas urinarios de las mujeres.

Para establecer relación con un árbol, y estar en comunión con él hay que mirarlo en silencio y enseguida se siente la energía sanadora que brota de él.

Intuitivamente sabrás qué hacer: puede que pongas tus manos en su corteza, que le abraces o que apoyes tu espalda, con todos los centros energéticos de tu columna vertebral, en su tronco y te llenes de energía. Es realmente sanador poder experimentar, poder vivir con intensidad, esta bella unión con los árboles.

Cada árbol, al igual que cada persona, tiene una personalidad, anhelos y vida propia. Los arboles difieren ampliamente en su gusto por el contacto humano.
Algunos son muy generosos y quieren dar toda la energía que absorben. Otros son débiles o están enfermos y precisan su energía reparadora. Algunos son simplemente almas amigables que disfrutan de la compañía del hombre. Otros son bastante indiferentes a los hombres. Puede aprender y crecer trabajando con todos ellos. Intente ser abierto y respetuoso en lugar de presionarlos para que sirvan a sus propósitos. De esta manera, los arboles le proporcionaran algo más que otra fuente de energía: amistad, expresión humorística y amor.

Visítalo en forma periódica para que el árbol sepa cuando irás y pueda esperarte. Es probable que percibas con toda claridad que el árbol realmente te extraña cuando desapareces durante un tiempo más prolongado que el habitual.

cosmoplug.com

2 de septiembre de 2024

EL MAESTRO Y EL RELOJ ROBADO

Un hombre se acerca a un señor mayor y le pregunta: «¿Se acuerda usted de mí?»

El anciano le responde que no. El otro le dice que fue alumno suyo, y ahora es profesor.

El anciano se interesa: – «¿Por qué te hiciste profesor?»

Le contesta el antiguo alumno: – «Me hice profesor, porque usted me iluminó para intentar ser como usted»:

“Un día, en clase, un compañero trajo un reloj nuevo magnífico, y decidí robárselo. Se lo quité del bolsillo. Poco después, mi compañero notó el robo y se quejó a usted, que era el profesor.

“Entonces usted habló a toda la clase: – «Alguien ha robado el reloj de este chico. Quien lo robó, que lo devuelva». Pero yo no quise devolverlo.

“Entonces usted cerró la puerta de la clase, mandó a todos ponerse de pie, para buscar uno por uno en sus bolsillos de todos, hasta encontrar el reloj. Mandó a todos cerrar los ojos, para que nadie le viese si lo encontraba. 

“Cuando llegó a mí, encontró el reloj y lo recuperó. Pero siguió buscando en los bolsillos de todos. Cuando terminó, dijo: «Pueden todos abrir los ojos. Ya tenemos el reloj». No me dijo usted nada. Nunca mencionó aquel suceso. Nunca dijo a nadie quién había robado el reloj.

“Ese día, usted salvó mi dignidad para siempre. Fue el día de mayor vergüenza de mi vida. Pero también fue el día que me salvó de convertirme en un ladrón, en un delincuente. Nunca se supo nada.

“Usted me dio una lección moral impagable. Yo capté el mensaje: entendí qué debe hacer un verdadero educador. ¿Se acuerda de ese episodio, maestro?”

El profesor respondió: –«Recuerdo la situación, el reloj robado, que busqué en todos, etc. Pero no te recordaba… ¡porque yo también cerré los ojos y no miré la cara a ninguno, mientras buscaba el reloj!»

“Educar es hacer a los alumnos ser más grandes y nobles”.

Un profesor debe moverlos a ser mejores, a superarse y a esforzarse.

Un maestro anima al alumno a “crecer y a dar lo mejor de sí mismo “.

“Un estudiante se labra a conciencia, como el mármol más fino.

Corregir no es rebajar, ni menospreciar o humillar… Es pulir y mejorar.

¡Enseñar es contagiar y llenar de alegría e ilusión por aprender!

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