Con mucha frecuencia un alto porcentaje de los seres humanos nos planteamos cuál es nuestra misión en la vida. Entendemos la Misión como aquello que venimos a cumplir en este plano físico de la existencia, mientras hacemos lo de todos los días, y vamos observando –y participando- en este juego que llamamos vivir.
En numerosos seminarios, muchas personas declaran no
saber cuál es su misión en la vida. También postulan que se sienten perdidos,
desorientados y muy desconformes con la forma en que llevan adelante sus
asuntos.
Y allí aparecen los primeros signos que nos pueden
llevar a la respuesta: en la confusión entra a jugar un papel muy importante el
pensamiento analítico, el sentir y el Ser. Es decir, todo aquello que, más allá
de lo que presuponemos y que en muchos casos, nos “pre-ocupa” (es decir, lo que
nos mantiene ocupados antes de que las cosas sucedan).
Si bien hay que convenir en que no existe una regla
exacta que determine cuál es nuestra Misión, puesto que es algo que se siente
muy profundamente, hay intuiciones que aparecen de vez en cuando y que nos
marcan, como señaladores o banderas, si vamos en el camino acertado.
En otros momentos, el camino se desvía tanto por la
fuerza de los acontecimientos, que nos sentimos en medio de una tormenta que,
por más que sepamos que es pasajera, en ese instante la pensamos eterna.
Una de las primeras claves para saber cuál es nuestra
Misión es la de observar. Si nos detenemos el tiempo suficiente, en calma y
tranquilidad dentro del ajetreo diario, y miramos con atención todos los pasos
que fuimos dando desde que tenemos conciencia –siendo muy pequeños- hasta el
presente, hay un rumbo, un sendero que, instintivamente, fuimos trazando.
Tal vez no aparezca con la claridad que quisiéramos,
aunque por lo que he podido trabajar con miles de personas, y conmigo, las
señales siempre estuvieron, sólo que no supe verlas o darles sentido a tiempo.
¿Por qué aparece aquí lo de “darle sentido”? Esa es la
forma en que se produce la toma de conciencia, el aprendizaje y la certeza
interior de que estamos en la senda apropiada. El sentido es lo que ratifica,
le pone el sello de validez a ese tramo de experiencia que nos llevará a otras
nuevas, siempre tras eso que denominamos Misión.
Otra clave relevante es registrar. Como si fuésemos
científicos de nuestra propia vida, necesitamos estar en el presente, y
registrar en nuestra memoria interna todos aquellos signos, acontecimientos,
personas que se cruzan en nuestra vida y que nos apoyan, y las oportunidades
que se abren y se cierran, para conducirnos por nuevos caminos.
Por lo general el cambio no tiene muy buena prensa. Se
dice, casi condescendientemente, que todos los cambios son buenos. Lo que por
lo general no se nos explica es cómo transitarlos sin ansiedad y sin cierta
cuota de incertidumbre, inherente a ese proceso. Sin embargo, los cambios
–planificados, repentinos o los que parecen un retroceso en cierto momento- son
los grandes impulsores hacia la Misión de vida.
¿Cuánto tiempo hemos de permanecer en nuestra zona de
confort, ese espacio conocido y muchas veces, doloroso y sin sentido? Sólo
expandiéndola, podemos conocer lo que hay más allá, y, si nos animamos, encarar
lo nuevo con un espíritu renovado.
¿Cuándo haremos el cambio en nuestra vida? “Cuando
estemos cansados y enfermos de estar cansados y enfermos…”, dice el maestro
espiritual John Roger. Es decir, cuanto verdaderamente estamos hartos de una
situación, es que tomamos fuerza y, como podemos, nos zabullimos en las aguas
tormentosas del cambio; conteniendo el aliento hasta salir de nuevo a la
superficie.
Por último, la Misión se manifiesta con un propósito
de vida, no menos importante que la misión misma. ¿Estoy haciendo lo que
quiero? ¿Hay algo que me gustaría encarar y lo vengo postergando hace años?
¿Hay decisiones que no me animo a tomar? ¿Es mi vida tal y como la quiero
vivir? ¿Estoy rodeado de las personas adecuadas que apoyan mi Misión? ¿Siento
que lo que hago suena fuerte dentro mio? Si hoy mismo dejara de hacer las
cosas que hago, ¿sentiría que pierdo una parte importante de mi Ser?
Estas son preguntas claves que, respondidas con
precisión y sin dudar, te darán la certeza de que estás en el sendero de tu
Misión de vida en este mundo.
De lo contrario, quizás haya algunos ajustes que
quieras empezar a hacer aquí y ahora, y desde hoy en adelante.
Daniel Colombo

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