28 de octubre de 2024

LAVARSE CON SILENCIO


Contaba una joven monja que muy agobiada fue a consultar a su director espiritual: “Mire, padre, estoy muy preocupada. Es que, cuando estoy mejor en la capilla, es cuando no hago nada, ni pienso en nada; simplemente estoy”. El sacerdote sonrió: “No se preocupe, hermana, acaba de descubrir el silencio”. La religiosa no se fue muy convencida. ¿Cómo podía alcanzar aquella paz interior sin pensar, reflexionar, sin leer algo? Y sin embargo, estando así simplemente, saboreaba una quietud y una alegría que nunca hasta entonces había disfrutado.

Vivimos más que nunca  ensordecidos por el ruido. Hay un ruido exterior que no para: en el bar, en el coche, en casa, en la calle. La radio, la tele, el móvil, mensajes, publicidad nos embotan los sentidos. 

Pero hay otro ruido interior más peligroso, el de la mente, que runrunea dentro de nosotros desde un personaje que creemos ser y no somos. Te da la tabarra con la culpabilidad del pasado, que ya no existe, y por tanto, se convierte en una tortura inútil. O con las preocupaciones de lo que va a venir, un futuro lleno de miedos que nos adelantamos también inútilmente de forma masoquista, porque aún no sabemos realmente cómo será. La mente siempre nos contamina con sus ruidos, alejándonos de lo que es.

Sólo el silencio nos libera. Pero le tenemos pavor, porque lo identificamos con soledad y vacío, sin apreciar que es una soledad acompañada del Universo y un vacío lleno. Escribe Benedetti:

Qué espléndida laguna es el silencio

allá en la orilla una campana espera

pero nadie se anima a hundir un remo

en el espejo de las aguas quietas. 

Si nada más levantarnos, se enciende la tele en casa, y se apaga al irnos a la cama; si las noticias, en su mayoría negativas, nos bombardean día y noche; si el teléfono móvil, la publicidad y las redes sociales se han convertido en nuestro cordón umbilical con la vida, vivimos dentro de una nube de ruidos. 

Un autor anónimo medieval del siglo XIV escribió un libro titulado La nube del no saber. Es curioso lo moderno que resulta este viejo tratado en rechazo de toda conceptualización, en lo que coincide con el interés que despierta hoy en Occidente la meditación oriental del Yoga y el Zen. Quizás porque se ha convertido en una urgente necesidad de subsistir. Se trata de un hecho que va más allá de las religiones e incluso de la fe y la increencia. El silencio interior es la mejor terapia que existe. Dice Ana María Schlutter que “el silencio es regresar a casa”, es decir, recuperar nuestra identidad que está en el fondo de nuestro ser, sobre el cual hemos echado mucha hojarasca, mucho ruido.

A la gente le da miedo el silencio porque cree que cuando se queda sola consigo misma le van a morder todos sus monstruos interiores. O que no va a conseguirlo por las distracciones y pensamientos que reaparecen. Hay métodos sencillos como contar respiraciones de diez en diez o repetir una frase o una palabra. Pero el objetivo es intentar, sin tensiones, sortear ese “loro interior” e ir conectando con el fondo de nuestro ser, donde estamos bien; quizás porque salimos así de fábrica y poco a poco nos hemos ido estropeando con palizas mentales e identificaciones absurdas: nos centramos en el papel que representamos en la comedia de la vida más que en lo que en el fondo somos.

No deja de ser paradójico en un mundo hipercomunicado como el nuestro, que la tristeza mayor del hombre provenga de sentirse separado, en definitiva, solo en medio de una multitud, solicitado por millones de signos y sonidos. El silencio cura porque nos conecta con lo que somos, nos devuelve a la unidad con todo. Mejor lo sintetiza esta hermosa frase de Tagore: “Pues que se prende en ti el polvo de las palabras muertas, lava tu alma en el silencio”.

Pedro Miguel Lamet

21 de octubre de 2024

¿Dolor de garganta? Pruebe el jarabe natural que utilizan los cantantes

Picor en la garganta, una especie de molesto pinchazo, dificultad para tragar, carraspera… no falla: es la dolencia típica de estas fechas.

Si va al médico, hay un 60% de probabilidades de que le prescriba antibióticos. Sin embargo, en la mayoría de los casos no sólo serán inútiles, sino que contribuirán a crear resistencia a los antibióticos, una de las mayores amenazas a la salud a la que nos enfrentamos.

Hoy le voy a dar las fórmulas de dos infusiones y un jarabe que puede preparar usted mismo en casa y que dejarán su garganta suave y sin dolor de forma completamente natural. Allá van.

Infusión calmante

La naturaleza ha puesto a nuestra disposición plantas pectorales, ricas en mucílagos, que son emolientes y tienen acción calmante. Es el caso del malvavisco (Althea officinalis), la malva (Malva sylvestris), el verbasco o gordolobo (Verbascum thapsus) y la amapola (Papaver rhoeas). Con todas estas plantas en infusión se puede disminuir el dolor, ablandar las secreciones y calmar la tos leve.

Utilícelos en esta forma y cantidades: 50 g de malvavisco (hojas, flores y raíces), 50 g de malva (flores y hojas), 40 g de verbasco (flores) y 40 g de amapola (pétalos).

Para preparar la infusión, vierta 1 litro de agua hirviendo sobre 20 g de la mezcla, tape y deje infusionar durante 10 minutos. Filtre y beba con una pajita a lo largo del día sin recalentar la infusión (la puede conservar en un termo), pudiendo endulzar la bebida con miel de eucalipto. Además de eficaz, ¡es deliciosa!

Infusión cicatrizante

Para curar las pequeñas lesiones que la tos acaba dejando en la garganta, puede ayudarse de plantas cicatrizantes como la caléndula. Tome 50 gotas de tintura madre (TM) tres veces al día, diluidas en una infusión no demasiado caliente.

También puede preparar una infusión con la siguiente mezcla: 30 g de eucalipto (hojas), 30 g de mirto (hojas), 40 g de pino silvestre (yemas) y 20 g de tomillo (puntas en flor).

Para prepararla, ponga 20 g de la mezcla en 500 ml de agua, hierva 5 minutos y deje infusionar otros 10. Filtre y beba una taza tres veces al día, tras haber añadido la TM de caléndula en la cantidad indicada.

¿Se da cuenta de la cantidad de alternativas que existen a los preparados químicos para hacer frente a la tos y el dolor de garganta?

Ahora le voy a dar una receta que me encanta, de un jarabe sorprendente por su eficacia y totalmente natural, que puede preparar usted mismo en su casa sin más elementos que un cazo para cocer, una cuchara para remover y un bote donde guardarlo. ¡Facilísimo!

Un jarabe a base de malvavisco

Seguro que recuerda las “nubes”, esas golosinas que todos los niños han comido durante su infancia. Actualmente están compuestas de azúcar y gelatina pero originalmente los malvaviscos, que es como también se conoce a este dulce, se hacían con las raíces de malvavisco (Althea officinalis L.) y se usaban para curar las gargantas irritadas.

Las flores y raíces del malvavisco contienen mucílagos que se hinchan en contacto con el agua y adquieren una textura viscosa. La acción emoliente de los mucílagos se conoce desde el antiguo Egipto y, en la actualidad, se ha demostrado que los polisacáridos de sus raíces poseen notables propiedades antitusivas.

Preparación: haga una decocción de raíces de malvavisco poniendo a hervir 25 g de raíces en 500 ml de agua durante 10 minutos. Añada 700 g de azúcar de caña y cueza hasta obtener un líquido con consistencia de jarabe. Deje enfriar y beba tres cucharadas soperas al día.

El jarabe también permite disminuir la acidez gástrica y previene los reflujos gastroduodenales que pueden provocar a su vez tos e irritación de la faringe y la laringe.

Puede añadir al jarabe 20 gotas de TM de erísimo (también llamado “hierba de los cantores”) cada dos horas (cinco veces al día como máximo).

El erísimo (Sisymbrium officinale), de la familia de las brasicáceas, es una planta vellosa, erguida y con ramas extendidas, cuyas minúsculas hojas de color amarillo pálido se reúnen en racimos. Está extendida por toda Europa y por todas las regiones templadas, pudiendo encontrarse al borde de los caminos, en terrenos yermos o en escombreras.

En el siglo I el médico griego Dioscórides consideraba al erísimo como una planta muy eficaz contra los catarros pulmonares y las toses purulentas. Su acción beneficiosa sobre la laringe y la faringe fue reconocida en el siglo XIX y finalmente confirmada por la ciencia en 1942.

La planta contiene glúcidos (mucílagos y pectinas) y trazas de aceite esencial azufrado, lo que aporta propiedades descongestionantes, antiinflamatorias y antitusivas sobre la faringitis y la afonía. Estas propiedades justifican la reputación que siempre ha tenido el erísimo como planta de los oradores, los comediantes y los cantantes.

Luis Miguel Oliveiras

15 de octubre de 2024

¿Con qué cacerolas cocina?

Entre los distintos materiales (acero, acero inoxidable, hierro colado, cerámica, revestimientos antiadherentes, porcelana…), las sartenes o las cazuelas, la temperatura alta y baja, la frecuencia con la que cada uno cocina, el número de miembros de la familia, su presupuesto, el tamaño de la cocina, el tipo de cocina (de gas, eléctrica, inducción, vitrocerámica…), elegir parece la historia de nunca acabar.


Pero no se rompa la cabeza: ¡apueste por cazuelas de acero inoxidable!

Es muy sencillo: unas buenas cazuelas de acero inoxidable acompañadas por una buena tapa y unas buenas asas permiten cocinar de todo, y una sola vida se nos queda corta hasta que se estropean.

Son baratas, permiten guisar, calentar, recalentar e incluso dorar la carne conservando intacto su sabor. Añada una sencilla cesta para cocción al vapor (también en acero inoxidable) y podrá cocinar al vapor sobre la cazuela, incluso a baja temperatura. Además, puede dejar en su interior sin miedo alimentos tanto líquidos como sólidos, calientes o fríos y hasta los más ácidos.

El acero inoxidable de calidad para las cazuelas es por lo general del 18/10, es decir, un acero que contiene un 18% de cromo y un 10% de níquel, una composición que estabiliza los materiales e impide que las partículas tóxicas pasen a los alimentos. Es uno de los materiales más seguros que existen, lo que explica que sea la primera opción elegida tanto en hospitales como en cocinas industriales.

El acero inoxidable 18/10 no se oxida, no se rompe y es resistente a los arañazos. No necesita ningún tratamiento químico para aumentar su resistencia. Es 100% reciclable y, de hecho, entre el 50% y el 60% de los productos de acero inoxidable hoy en día están fabricados a partir de acero inoxidable reciclado.

No obstante, vale la pena invertir en unas cacerolas buenas. La diferencia entre marcas es enorme, ya sea por la calidad de la cocción, que podrá constatar desde el primer uso, o por su vida útil.

Una historia (casi) eterna

Yo utilizo las mismas cacerolas de acero inoxidable desde hace veinte años, así que imagínese la de veces que han cocinado, se han quemado, se han quedado abandonadas en el fregadero, se han lavado con detergente, han pasado por el lavavajillas, se han quedado olvidadas en el fuego o en un rincón de la nevera con una capa de salsa de tomate ácido, o cuántas veces han sufrido una brutal agresión por parte del estropajo o la punta de un cuchillo.

Nuestros hijos las han utilizado como escalón, tambor, casco de caballero, martillo o recipiente para toda clase de experimentos químicos.

Lo crea o no, en la actualidad se encuentran prácticamente igual que el primer día. Tanto el fondo y las asas como el interior y el exterior.

Compruebe el grosor del fondo, la calidad de la tapa y las asas

Las cacerolas de acero inoxidable de buena calidad tienen un fondo grueso compuesto por varias capas de metal superpuestas, generalmente de acero inoxidable y aluminio.

Las capas de aluminio se encuentran entre las capas de acero inoxidable para evitar que entren en contacto con la comida. Cuanto más alta sea la gama, más capas habrá, lo que permite distribuir mejor el calor.

El precio también dependerá de las asas y la tapa.

Yo recomiendo las tapas de metal grueso, aunque eso va en gustos. Son más caras que las de cristal, pero aíslan mejor. Y, por supuesto, también son más resistentes.

En cuanto a las asas, eso ya depende de cada uno. El mango desmontable que resulta tan práctico a la hora de guardar las cazuelas, también le permite ahorrar, ya que sólo necesitará comprarse uno para usarlo con 3 ó 5 cacerolas.

Fabrique su propio producto de limpieza 100% natural, sencillo y eficaz

Para limpiarlas, ¿qué le parecería fabricar su propio producto de limpieza? No le llevará más que un momento y evitará los detergentes químicos que están a la venta. Eche un vistazo a la receta que le propongo.

Estos son los ingredientes necesarios para un litro y medio de producto de limpieza polivalente:

  • 1 litro de agua.
  • ½ litro de vinagre blanco.
  • 2 cucharadas soperas de jabón negro (esto es opcional para un resultado más eficaz, pero necesitará aclarado).
  • 20-30 gotas de aceites esenciales (puede utilizar uno solo o combinar varios): árbol de té, eucalipto, espliego, limón, pino silvestre, menta piperita, canela…

Preparación:

  • En un frasco o pulverizador vacío mezcle el jabón negro y los aceites esenciales.
  • Añada el vinagre blanco y el agua. Agite con fuerza y… ¡ya está listo!

Si tiene algún amigo cocinillas, o simplemente conoce a alguien que agradecerá saber por qué cacerolas vale la pena apostar o cómo fabricarse un limpiador ecológico, le invito a reenviarle este e-mail.

¡A su salud!


Luis Miguel Oliveiras

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