Día 4: Jueves
YO SOY SANACIÓN
La Divina Sanación que mi Amado Padre celestial me da,
corrige los errores que he cometido y que se han reflejado a través de la
enfermedad, la depresión o la limitación. El me ofrece su mejor Médico
Celestial, Cristo Jesús. Yo sólo debo abrir mi corazón y elevar mi estado de
conciencia hacia la Sanación Espiritual.
Aprendo en mis meditaciones a cerrar mis ojos, para
visualizar la Luz de Cristo que desciende para sanarme y acompañarme en el
proceso de mi restauración.
Jesús coloca sus tiernas manos en mi ser para sanarme. Su
dulce voz me dice: “tu fe te ha sanado, no vuelvas a pecar amado mío”. Yo le
escucho y atiendo sus palabras.
Después de meditar en su significado, le contesto a mi
Amado Maestro: “Recibo, Divino Maestro, tu Amor y tu bendición para esta
sanación. Y te doy las gracias por despejar mi mente, quitando las vendas del
fanatismo y dogmatismo de las falsas creencias que he cultivado sobre el
significado de Dios y de mi propio existir. Estaré eternamente agradecido por
todo lo que has hecho por mí, lo que haces en este momento de meditación y por
todo lo que sé, me seguirás ayudando sin cansarte, teniendo paciencia por mis
continuas soberbias o pérdidas de memoria: cuando te olvido o ignoro el
cumplimiento de la Ley Divina. Deseo obedecerte, pero en caso de alejarme de Tu
Divino Propósito, házmelo entender, mi Señor, yo sé, que con tu insinuación lo
entenderé. Te amo, bendigo Tu Victoriosa Misión y trataré de no fallarte.
Gracias Jesús por ser tan especial conmigo.”
Al cambiar mi manera de pensar permito a Dios obrar. Bajo
la guardia, cedo ante la Luz, no lucho contra la naturaleza del bien, sólo la
dejo actuar. Si sano, prospero magníficamente. Me repongo rápidamente con
optimismo y no permito que la queja o la maledicencia me hagan recaer de nuevo.
Me mantengo absolutamente firme, en mi bien y en el bien que bendigo en toda la
humanidad, por hoy y siempre.
Gracias Padre Todopoderoso. Gracias Amado Cristo Jesús.
Gracias preciosos ángeles de la Sanación y de la Provisión Divina. Así sea y
así se cumpla. Eternamente Amén.
PRÁCTICA
SANA CON TU SUEÑO EL
PENSAMIENTO
Posiblemente te haya pasado alguna vez que te duermes en
el bus que te está llevando a casa, pero sucede que a una cuadra de donde debes
bajarte te despiertas espontáneamente y te das cuenta que debes correr para
bajarte a tiempo.
En otras ocasiones, cuando estamos a punto de ser
llamados en la mañana, lo presentimos y despertamos, pero no abrimos los ojos.
También pasa en gran cantidad de personas, que al acostarse piensan en que
deben despertar a determinada hora, y así se cumple: despiertan cinco minutos
antes de que suene el reloj despertador.
Sucede que en el momento en que tú te duermes, entras en
un nivel intermedio entre la vigilia y el sueño profundo. Este nivel es llamado
por los científicos: El estado Alfa.
La costumbre generalizada de la mayoría de las personas,
es pensar en los problemas mientras se duermen, y mientras se despiertan en la
mañana [los cinco minutos de “roña”] dejan correr pensamientos pesimistas o de
desengaño de lo que hay que hacer en el día. Estos momentos de sueño intermedio
son de nivel Alfa. Aunque sientes el sueño, aún eres consciente de dirigir tus
pensamientos y de percibir el medio que te rodea. En este momento, tus párpados
están más pesados y el cuerpo relajado. Estás en un nivel Alfa donde aumenta la
capacidad mental, haciendo que tu subconsciente obedezca más lo que piensas. La
percepción extra sensorial se activa en su mayor capacidad y realiza las
calificaciones programadas por los pensamientos que se tengan en esos momentos.
Si te duermes pensando que nadie te comprende y que las
cosas nunca te salen bien, el nivel Alfa se encargará de dejar el pensamiento
como un programa de computador al subconsciente y éste se encargará de cargarte
toda la noche con esta actitud para que los próximos días recibas sólo
incomprensión y malos ratos.
Para evitar este mal hábito, he querido enseñarte en la
Práctica de hoy una sanación mental. Antes de acostarte, procura relajarte con
unas respiraciones profundas y al sentir que te estás durmiendo, imagina todas
las cosas buenas y bonitas que deseas para tu vida.
Evita pensar en los problemas o en cosas que te
tensionen, ya que esas preocupaciones no permiten tu restablecimiento natural
de energía dentro del sueño y pueden llegar inclusive hasta producir insomnio.
Al despertar también debes tener en cuenta ésta práctica.
Recuerda: tu pensamiento es más poderoso mientras te
despiertas o mientras te duermes. Sólo tú decides qué pensar… de ahora en
adelante será exactamente lo que deseas recibir… ¿cierto?

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