15 de octubre de 2024

¿Con qué cacerolas cocina?

Entre los distintos materiales (acero, acero inoxidable, hierro colado, cerámica, revestimientos antiadherentes, porcelana…), las sartenes o las cazuelas, la temperatura alta y baja, la frecuencia con la que cada uno cocina, el número de miembros de la familia, su presupuesto, el tamaño de la cocina, el tipo de cocina (de gas, eléctrica, inducción, vitrocerámica…), elegir parece la historia de nunca acabar.


Pero no se rompa la cabeza: ¡apueste por cazuelas de acero inoxidable!

Es muy sencillo: unas buenas cazuelas de acero inoxidable acompañadas por una buena tapa y unas buenas asas permiten cocinar de todo, y una sola vida se nos queda corta hasta que se estropean.

Son baratas, permiten guisar, calentar, recalentar e incluso dorar la carne conservando intacto su sabor. Añada una sencilla cesta para cocción al vapor (también en acero inoxidable) y podrá cocinar al vapor sobre la cazuela, incluso a baja temperatura. Además, puede dejar en su interior sin miedo alimentos tanto líquidos como sólidos, calientes o fríos y hasta los más ácidos.

El acero inoxidable de calidad para las cazuelas es por lo general del 18/10, es decir, un acero que contiene un 18% de cromo y un 10% de níquel, una composición que estabiliza los materiales e impide que las partículas tóxicas pasen a los alimentos. Es uno de los materiales más seguros que existen, lo que explica que sea la primera opción elegida tanto en hospitales como en cocinas industriales.

El acero inoxidable 18/10 no se oxida, no se rompe y es resistente a los arañazos. No necesita ningún tratamiento químico para aumentar su resistencia. Es 100% reciclable y, de hecho, entre el 50% y el 60% de los productos de acero inoxidable hoy en día están fabricados a partir de acero inoxidable reciclado.

No obstante, vale la pena invertir en unas cacerolas buenas. La diferencia entre marcas es enorme, ya sea por la calidad de la cocción, que podrá constatar desde el primer uso, o por su vida útil.

Una historia (casi) eterna

Yo utilizo las mismas cacerolas de acero inoxidable desde hace veinte años, así que imagínese la de veces que han cocinado, se han quemado, se han quedado abandonadas en el fregadero, se han lavado con detergente, han pasado por el lavavajillas, se han quedado olvidadas en el fuego o en un rincón de la nevera con una capa de salsa de tomate ácido, o cuántas veces han sufrido una brutal agresión por parte del estropajo o la punta de un cuchillo.

Nuestros hijos las han utilizado como escalón, tambor, casco de caballero, martillo o recipiente para toda clase de experimentos químicos.

Lo crea o no, en la actualidad se encuentran prácticamente igual que el primer día. Tanto el fondo y las asas como el interior y el exterior.

Compruebe el grosor del fondo, la calidad de la tapa y las asas

Las cacerolas de acero inoxidable de buena calidad tienen un fondo grueso compuesto por varias capas de metal superpuestas, generalmente de acero inoxidable y aluminio.

Las capas de aluminio se encuentran entre las capas de acero inoxidable para evitar que entren en contacto con la comida. Cuanto más alta sea la gama, más capas habrá, lo que permite distribuir mejor el calor.

El precio también dependerá de las asas y la tapa.

Yo recomiendo las tapas de metal grueso, aunque eso va en gustos. Son más caras que las de cristal, pero aíslan mejor. Y, por supuesto, también son más resistentes.

En cuanto a las asas, eso ya depende de cada uno. El mango desmontable que resulta tan práctico a la hora de guardar las cazuelas, también le permite ahorrar, ya que sólo necesitará comprarse uno para usarlo con 3 ó 5 cacerolas.

Fabrique su propio producto de limpieza 100% natural, sencillo y eficaz

Para limpiarlas, ¿qué le parecería fabricar su propio producto de limpieza? No le llevará más que un momento y evitará los detergentes químicos que están a la venta. Eche un vistazo a la receta que le propongo.

Estos son los ingredientes necesarios para un litro y medio de producto de limpieza polivalente:

  • 1 litro de agua.
  • ½ litro de vinagre blanco.
  • 2 cucharadas soperas de jabón negro (esto es opcional para un resultado más eficaz, pero necesitará aclarado).
  • 20-30 gotas de aceites esenciales (puede utilizar uno solo o combinar varios): árbol de té, eucalipto, espliego, limón, pino silvestre, menta piperita, canela…

Preparación:

  • En un frasco o pulverizador vacío mezcle el jabón negro y los aceites esenciales.
  • Añada el vinagre blanco y el agua. Agite con fuerza y… ¡ya está listo!

Si tiene algún amigo cocinillas, o simplemente conoce a alguien que agradecerá saber por qué cacerolas vale la pena apostar o cómo fabricarse un limpiador ecológico, le invito a reenviarle este e-mail.

¡A su salud!


Luis Miguel Oliveiras

30 de septiembre de 2024

Artabán: El Cuarto Rey Mago que nunca llegó a adorar al Niño Jesús

Como cada año se espera la llegada de los tres Reyes Magos para la madrugada de este 6 de enero. Cuenta la tradición que los reyes viajaron desde el lejano oriente guiados por una estrella y cargados con regalos para ofrecer al Mesías que nacería en Belén.

Melchor, Gaspar y Baltazar, llegaron a tiempo al pesebre donde nació Jesús y entregaron los regalos que traían para adorarlo: Oro, incienso y mirra.

Sin embargo, pocos saben que en realidad eran cuatro los reyes magos que debieron haber llegado aquella noche a Belén, pero, ¿Qué pasó con el cuarto rey mago?

Artabán era el nombre del rey que jamás conoció a Jesús.

Su historia se encuentra en algunos textos antiguos, que dan cuenta del largo camino que recorrió buscando a Jesús, para entregarle el regalo que debió haberle obsequiado la noche en que nació.

Artabán junto con Melchor, Gaspar y Baltazar, habían hecho planes para reunirse en Borsippa, una antigua ciudad de Mesopotamia desde donde iniciarían el viaje que les llevaría hasta Belén para adorar al Mesías.

El cuarto rey mago llevaba consigo una gran cantidad de piedras preciosas para ofrecer a Jesús, pero cuando viajaba hacia el punto de reunión encontró en su camino a un anciano enfermo, cansado y sin dinero. Artabán se vio envuelto en un dilema por ayudar a este hombre o continuar su camino para encontrarse con los otros reyes. De quedarse con el anciano, seguro perdería tiempo y los otros reyes le abandonarían. Obedeciendo a su noble corazón, decidió ayudar a aquel anciano.

El tiempo había pasado y en el punto de reunión no encontró más a sus tres compañeros de viaje.

Decidido a cumplir su misión, emprendió un largo camino sin descanso hasta Belén para adorar al niño, pero al llegar, Jesús había nacido y José y María estaban rumbo a Egipto, escapando a la matanza ordenada por Herodes.

Artabán emprendió entonces un viaje en el que, por donde quiera que pasaba, la gente pedía su auxilio, y él, atendiendo siempre a su noble corazón, ayudaba sin detenerse a pensar que el obsequio de piedras preciosas que cargaba, poco a poco se reducía sin remedio. En su andar, Artabán se preguntaba: ¿Qué podía hacer si la gente le suplicaba por ayuda? ¿Cómo podría negarle ayuda a quien la necesitaba?

Así pasaron los años y en su larga tarea por encontrar a Jesús ayudaba a toda la gente que se lo solicitaba.

Treinta y tres años después el viejo y cansado Artabán llegó por fin a donde los rumores le habían llevado en su larga búsqueda por Jesús. La gente se reunía en torno al monte Gólgota para ver la crucifixión de un hombre que, decían, era el Mesías enviado por Dios para salvar las almas de los hombres. Artabán no tenía duda en su corazón, aquel hombre era quién había estado buscando durante todos esos años.

Con un rubí en su bolsa y dispuesto a entregarla joya pese a cualquier cosa, Artabán encaminó sus pasos hacia aquel monte, sin embargo, justo frente a él apareció una mujer que era llevada a la fuerza para ser vendida como esclava para pagar las deudas de su padre. Artabán la liberó a cambio de la última piedra que le quedaba de su basto tesoro.

Triste y desconsolado, nuestro cuarto rey mago se sentó junto al pórtico de una casa vieja. En aquel momento, la tierra tembló de forma brusca y una enorme piedra golpeo la cabeza de Artabán. El temblor aquel anunciaba la muerte de Jesús en la Cruz.

Moribundo y con sus últimas fuerzas, el cuarto rey imploró perdón por no haber podido cumplir con su misión de adorar al Mesías. En ese momento, la voz de Jesús se escuchó con fuerza: Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste. Artabán, agotado, preguntó: ¿Cuándo hice yo esas cosas? Y justo en el momento en que moría, la voz de Jesús le dijo: Todo lo que hiciste por los demás, lo has hecho por mí, pero hoy estarás conmigo en el reino de los cielos.

Por: David Rivera

23 de septiembre de 2024

Los árboles sanadores de la Madre Tierra

Tradicionalmente, en multitud de culturas, los árboles son considerados como el eje vertical de toda la vida en la tierra. Sensibilizarnos con esa energía, despertar nuestro cuerpo y nuestra conciencia hacia ellos es un aprendizaje y una práctica sanadora que nos lleva a encontrarnos con nuestra energía primigenia y nos conecta con una sensación vibrante de limpieza interna. Muchos de los trastornos de los seres humanos que viven en ciudades desaparecerían con un simple paseo por la naturaleza.

Antiguamente se creía que cada árbol poseía un espíritu propio con una energía especial que es capaz de transmitir a su alrededor y las personas buscaban esta energía para lograr el equilibrio. Los beneficios de abrazarse a un árbol son incontables, misteriosos pero fáciles de verificar si les prestamos atención, si los observamos y nos comunicamos con ellos mirándolos, en silencio.

Nos cargan de buenas vibraciones y nos dan su energía de manera natural. Los árboles nos ayudan a establecer contacto con el poder de la naturaleza de manera fácil y bella, nos relajan y nos llenan de una energía pura.

Elección de un árbol con el que trabajar

Los libros del Tao llamados Mantak Chia y Maneewan Chia hablan de que a lo largo de la historia, los seres humanos han usado todas las partes del árbol como remedio para curar. Y llegaron a algunas conclusiones respecto a los distintos árboles y su capacidad de sanar a los humanos. Los árboles grandes son los que contienen más energía. Entre los más poderosos se encuentran los árboles que crecen junto al agua corriente. Algunos son más cálidos o fríos que otros. Hay que practicar para distinguir las diversas propiedades de los diferentes árboles.

Las 14 especies de árboles que al abrazarlos sanan diversas partes del cuerpo:

Los Pinos

Los pinos irradian energía, nutren la sangre, fortalecen los sistemas nerviosos y contribuyen a prolongar la vida. También alimentan el alma y el espíritu.
Los pinos son llamados los “Arboles Inmortales”. La poesía y la pintura china antiguas están llenas de admiración por los pinos. Si bien los pinos son a menudo la mejor elección, se pueden usar muchos otros árboles o plantas.

Ciprés y Cedros

Los cipreses y los cedros reducen el calor y nutren la energía.

Sauces

Los sauces ayudan a eliminar los vientos malsanos, a liberar la humedad excesiva del cuerpo, a reducir la alta tensión sanguínea y a fortalecer el aparato urinario y la vejiga.

Olmos

Los olmos tranquilizan la mente y fortalecen el estómago.

Los Arces

Los arces persiguen a los vientos malsanos y ayudan a mitigar el dolor.

Las Acacias

Las acacias blancas ayudan a eliminar el calor interno y a equilibrar la temperatura del corazón.

Higuera de Bengala

Las higueras de Bengala limpian el corazón y ayudan a eliminar la humedad del cuerpo.

Los Canelos

Los canelos eliminan el frio del corazón y del abdomen.

Los Abetos

Los abetos ayudan a eliminar cardenales (enfermedad), a reducir la hinchazón y a curar los huesos rotos más rápido.

Los Espinos

Los espinos ayudan en la digestión, fortalecen los intestinos y reducen la tensión sanguínea.

Abedul

Los abedules ayudan a eliminar el calor y la humedad del cuerpo y a desintoxicarlo.

Ciruelo

Los ciruelos nutren el bazo, el estómago, el páncreas y tranquilizan la mente.

Higuera

Las higueras eliminan el exceso de calor del cuerpo, aumentan la saliva, nutren el bazo y ayudan a detener la diarrea.

Los ginkgos

Los ginkgos ayudan a fortalecer la vejiga y alivian los problemas urinarios de las mujeres.

Para establecer relación con un árbol, y estar en comunión con él hay que mirarlo en silencio y enseguida se siente la energía sanadora que brota de él.

Intuitivamente sabrás qué hacer: puede que pongas tus manos en su corteza, que le abraces o que apoyes tu espalda, con todos los centros energéticos de tu columna vertebral, en su tronco y te llenes de energía. Es realmente sanador poder experimentar, poder vivir con intensidad, esta bella unión con los árboles.

Cada árbol, al igual que cada persona, tiene una personalidad, anhelos y vida propia. Los arboles difieren ampliamente en su gusto por el contacto humano.
Algunos son muy generosos y quieren dar toda la energía que absorben. Otros son débiles o están enfermos y precisan su energía reparadora. Algunos son simplemente almas amigables que disfrutan de la compañía del hombre. Otros son bastante indiferentes a los hombres. Puede aprender y crecer trabajando con todos ellos. Intente ser abierto y respetuoso en lugar de presionarlos para que sirvan a sus propósitos. De esta manera, los arboles le proporcionaran algo más que otra fuente de energía: amistad, expresión humorística y amor.

Visítalo en forma periódica para que el árbol sepa cuando irás y pueda esperarte. Es probable que percibas con toda claridad que el árbol realmente te extraña cuando desapareces durante un tiempo más prolongado que el habitual.

cosmoplug.com

2 de septiembre de 2024

EL MAESTRO Y EL RELOJ ROBADO

Un hombre se acerca a un señor mayor y le pregunta: «¿Se acuerda usted de mí?»

El anciano le responde que no. El otro le dice que fue alumno suyo, y ahora es profesor.

El anciano se interesa: – «¿Por qué te hiciste profesor?»

Le contesta el antiguo alumno: – «Me hice profesor, porque usted me iluminó para intentar ser como usted»:

“Un día, en clase, un compañero trajo un reloj nuevo magnífico, y decidí robárselo. Se lo quité del bolsillo. Poco después, mi compañero notó el robo y se quejó a usted, que era el profesor.

“Entonces usted habló a toda la clase: – «Alguien ha robado el reloj de este chico. Quien lo robó, que lo devuelva». Pero yo no quise devolverlo.

“Entonces usted cerró la puerta de la clase, mandó a todos ponerse de pie, para buscar uno por uno en sus bolsillos de todos, hasta encontrar el reloj. Mandó a todos cerrar los ojos, para que nadie le viese si lo encontraba. 

“Cuando llegó a mí, encontró el reloj y lo recuperó. Pero siguió buscando en los bolsillos de todos. Cuando terminó, dijo: «Pueden todos abrir los ojos. Ya tenemos el reloj». No me dijo usted nada. Nunca mencionó aquel suceso. Nunca dijo a nadie quién había robado el reloj.

“Ese día, usted salvó mi dignidad para siempre. Fue el día de mayor vergüenza de mi vida. Pero también fue el día que me salvó de convertirme en un ladrón, en un delincuente. Nunca se supo nada.

“Usted me dio una lección moral impagable. Yo capté el mensaje: entendí qué debe hacer un verdadero educador. ¿Se acuerda de ese episodio, maestro?”

El profesor respondió: –«Recuerdo la situación, el reloj robado, que busqué en todos, etc. Pero no te recordaba… ¡porque yo también cerré los ojos y no miré la cara a ninguno, mientras buscaba el reloj!»

“Educar es hacer a los alumnos ser más grandes y nobles”.

Un profesor debe moverlos a ser mejores, a superarse y a esforzarse.

Un maestro anima al alumno a “crecer y a dar lo mejor de sí mismo “.

“Un estudiante se labra a conciencia, como el mármol más fino.

Corregir no es rebajar, ni menospreciar o humillar… Es pulir y mejorar.

¡Enseñar es contagiar y llenar de alegría e ilusión por aprender!

26 de agosto de 2024

¿Cómo saber cuál es tu misión de vida?

Con mucha frecuencia un alto porcentaje de los seres humanos nos planteamos cuál es nuestra misión en la vida. Entendemos la Misión como aquello que venimos a cumplir en este plano físico de la existencia, mientras hacemos lo de todos los días, y vamos observando –y participando- en este juego que llamamos vivir.

En numerosos seminarios, muchas personas declaran no saber cuál es su misión en la vida. También postulan que se sienten perdidos, desorientados y muy desconformes con la forma en que llevan adelante sus asuntos.

Y allí aparecen los primeros signos que nos pueden llevar a la respuesta: en la confusión entra a jugar un papel muy importante el pensamiento analítico, el sentir y el Ser. Es decir, todo aquello que, más allá de lo que presuponemos y que en muchos casos, nos “pre-ocupa” (es decir, lo que nos mantiene ocupados antes de que las cosas sucedan).

Si bien hay que convenir en que no existe una regla exacta que determine cuál es nuestra Misión, puesto que es algo que se siente muy profundamente, hay intuiciones que aparecen de vez en cuando y que nos marcan, como señaladores o banderas, si vamos en el camino acertado.

En otros momentos, el camino se desvía tanto por la fuerza de los acontecimientos, que nos sentimos en medio de una tormenta que, por más que sepamos que es pasajera, en ese instante la pensamos eterna.

Una de las primeras claves para saber cuál es nuestra Misión es la de observar. Si nos detenemos el tiempo suficiente, en calma y tranquilidad dentro del ajetreo diario, y miramos con atención todos los pasos que fuimos dando desde que tenemos conciencia –siendo muy pequeños- hasta el presente, hay un rumbo, un sendero que, instintivamente, fuimos trazando.

Tal vez no aparezca con la claridad que quisiéramos, aunque por lo que he podido trabajar con miles de personas, y conmigo, las señales siempre estuvieron, sólo que no supe verlas o darles sentido a tiempo.

¿Por qué aparece aquí lo de “darle sentido”? Esa es la forma en que se produce la toma de conciencia, el aprendizaje y la certeza interior de que estamos en la senda apropiada. El sentido es lo que ratifica, le pone el sello de validez a ese tramo de experiencia que nos llevará a otras nuevas, siempre tras eso que denominamos Misión.

Otra clave relevante es registrar. Como si fuésemos científicos de nuestra propia vida, necesitamos estar en el presente, y registrar en nuestra memoria interna todos aquellos signos, acontecimientos, personas que se cruzan en nuestra vida y que nos apoyan, y las oportunidades que se abren y se cierran, para conducirnos por nuevos caminos.

Por lo general el cambio no tiene muy buena prensa. Se dice, casi condescendientemente, que todos los cambios son buenos. Lo que por lo general no se nos explica es cómo transitarlos sin ansiedad y sin cierta cuota de incertidumbre, inherente a ese proceso. Sin embargo, los cambios –planificados, repentinos o los que parecen un retroceso en cierto momento- son los grandes impulsores hacia la Misión de vida.

¿Cuánto tiempo hemos de permanecer en nuestra zona de confort, ese espacio conocido y muchas veces, doloroso y sin sentido? Sólo expandiéndola, podemos conocer lo que hay más allá, y, si nos animamos, encarar lo nuevo con un espíritu renovado.

¿Cuándo haremos el cambio en nuestra vida? “Cuando estemos cansados y enfermos de estar cansados y enfermos…”, dice el maestro espiritual John Roger. Es decir, cuanto verdaderamente estamos hartos de una situación, es que tomamos fuerza y, como podemos, nos zabullimos en las aguas tormentosas del cambio; conteniendo el aliento hasta salir de nuevo a la superficie.

Por último, la Misión se manifiesta con un propósito de vida, no menos importante que la misión misma. ¿Estoy haciendo lo que quiero? ¿Hay algo que me gustaría encarar y lo vengo postergando hace años? ¿Hay decisiones que no me animo a tomar? ¿Es mi vida tal y como la quiero vivir? ¿Estoy rodeado de las personas adecuadas que apoyan mi Misión? ¿Siento que lo que hago suena fuerte dentro mio?  Si hoy mismo dejara de hacer las cosas que hago, ¿sentiría que pierdo una parte importante de mi Ser?

Estas son preguntas claves que, respondidas con precisión y sin dudar, te darán la certeza de que estás en el sendero de tu Misión de vida en este mundo. 

De lo contrario, quizás haya algunos ajustes que quieras empezar a hacer aquí y ahora, y desde hoy en adelante.

Daniel Colombo

19 de agosto de 2024

Relaciones sexuales y lazos kármicos

Por polémico que resulte, si creemos que durante nuestra vida vamos creando lazos con las personas con las que nos relacionamos, ¿resulta descabellado pensar en la conexión existente entre nuestras relaciones sexuales y los lazos kármicos? En este post veremos que hay muchos indicios para creer en ello.

Debido a la apertura del aura que se produce durante las relaciones íntimas, las energías pasan de uno al otro, siendo fuente de intercambio de emociones (elevadas y densas) y de basura energética: larvas y entidades astrales.

De esta forma, si uno de los dos trae porquería en su cuerpo áurico, los dos acaban compartiéndola. Al momento en que las dos personas se separan, cada uno tiene algo de energía del otro, con todo lo que eso conlleva.

Sucede además que cuando unimos nuestra energía de este modo, también damos nuestro poder y vibración de vida a la otra persona, creando lo que antiguamente llamaban puentes de poder o lazos kármicos.

Los líquidos seminales y vaginales se convierten en plasmas energéticos dentro de los cuerpos sutiles y por ello el lazo no se rompe fácilmente. Es así como seguimos unidos con todo aquel con quien hemos compartido nuestra cama, nuestro espacio y nuestro cuerpo físico y energético.

Esta unión energética dura siete años a partir de la última relación sexual.

Si bien la unión energética hace que la energía del otro se mezcle con la de nuestra aura, al fusionarse una con otra, también durante la unión se forman lazos o cordones a través de los chakras.

Tales cordones también son perdurables y sirven de puente para la constante comunicación energética, aun cuando la relación haya terminado. Esto explica las relaciones adictivas (según el chakra con mayores cordones), los apegos y las dificultades que se tienen para romper definitivamente con relaciones no sanas.

Los lazos energéticos tienen un aspecto positivo y un aspecto negativo. Si tenemos un lazo con alguien que nos quiere, nos enviará buenos pensamientos y energías.

Si la persona no nos quiere y está pensando mal sobre nosotros, o está apegada y obsesionada, recibiremos por medio del hilo malos pensamientos, bloqueos, obstáculos y malas energías, hasta el punto que podemos llegar a enfermarnos. Al mismo tiempo, esto obstaculiza la formación de una mejor relación de pareja.

El nido energético

Ocurre también que una de las dos personas, o ambas, tiene sexo con varias parejas muy densas y contagiadas con energías de otros, creando lo que se denomina un nido de larvas, dentro del cual se tienen relaciones.

Si estás con una persona que no le hace ninguna limpieza interna a su ser, ha estado con muchas otras y tampoco ha limpiado lo que las demás han dejado en ella, no sólo se adquiere parte de su carga energética, sino que también se toma parte de las energías de las demás personas que intimaron con ella.

Las cosas se complican cuando la cadena es grande; y los casados o comprometidos infieles contaminan a sus parejas al traer toda esa basura energética a su vínculo conyugal, “adulterando” la energía creada en su relación estable.

Sexo y responsabilidad

Conociendo todas estas implicaciones, antes de tener sexo con alguien, deberíamos ponderar qué es lo que esto va a generar en nosotros mismos y en la otra persona. Conocer al otro se hace importante en toda relación de entrega íntima.

Lo anterior es difícil en los actuales tiempos, caracterizados por las relaciones rápidas guiadas por la atracción relámpago y una supuesta “química sexual”.

Ello hace que la mayoría de las personas tengan alta contaminación energética en sus campos, siendo posiblemente una de las principales causas de las dificultades que muchos experimentan para formar pareja y establecer relaciones estables y armónicas.

Como resultado -contrario a los deseos- se comienzan a atraer personas cada vez más cargadas y los problemas que se presentaron en las relaciones anteriores, aumentan en potencia y hasta se multiplican, pues por Ley de Atracción, quienes se acercan comparten nuestra vibración según las “cargas energéticas que se portan en el aura”.

Si estamos muy contaminados con larvas y parásitos, tanto propias como de exparejas, se atraerán prospectos de relaciones en esa misma frecuencia.

Lo anterior explica la importancia de dominar los impulsos sexuales a través del ejercicio de la voluntad y de cuidar la salud de nuestra anatomía energética y espiritual; si no, seremos perjudicados tanto por la contaminación de nuestros campos áuricos como por ataduras kármicas indeseadas. Así, el placer momentáneo se convierte en problema permanente.

El sexo es espíritu y vida al servicio de la felicidad y de la armonía del universo.

Por consiguiente, reclama responsabilidad y discernimiento, dónde y cuándo se exprese.

El individuo necesita y debe saber qué hacer con su energía sexual, observando cómo, con quién y para quién se sirve de tales recursos, entendiéndose que todos los compromisos en la vida sexual están igualmente subordinados a la Ley de Causa y Efecto; y, según ese exacto principio, de todo lo que demos a otro en el mundo afectivo, ese otro también nos dará.

¿Es posible limpiarse y romper el lazo de 7 años?

Una de las principales preocupaciones de quienes se enteran de las implicaciones energéticas y espirituales del sexo, es el tiempo de duración de lazo que se genera energéticamente: siete años.

Para limpiarse y romper ese lazo, los esotéricos dicen que el mejor antídoto es el celibato durante ese mismo lapso de tiempo. Por ello, en tiempos antiguos se recomendaba esperar 7 años entre una relación y otra, incluso en casos de viudez.

Obviamente, en esta época la gente no quiere y muchas veces no puede (por compulsiones instintivas y presiones socio-culturales) esperar ese tiempo. Ante ello, existen algunas opciones, que no eximen de la responsabilidad y toma de consciencia recomendada en párrafos anteriores.

Las propuestas son las siguientes:

Ayuno sexual: es el método más limpiador, principalmente luego de terminar una relación, siendo lo mejor para vaciarnos de la información del otro. Sería ideal, tomar al menos un año de ayuno sexual luego de finalizar una relación.

Como vemos, la opción principal es el celibato, aunque se reduce el tiempo a un año para limpiarse de la energía de las relaciones y parejas que se han tenido. No obstante, esta alternativa sigue siendo un enorme reto para las grandes mayorías, sobre todo en una sociedad bombardeada por la sexualidad, y donde la búsqueda de placer es prioridad.

Elevar la vibración: otra alternativa es meditar y hacer una recapitalización, agradeciendo a cada una de las parejas, perdonando y auto-perdonándose para ir limpiando los cuerpos energéticos a través de meditaciones con luz blanca, dorada, o violeta. La idea es cambiar la frecuencia vibracional a través de pensamientos y actitudes positivos.

Se pueden realizar ejercicios para el corte de cordones energéticos, además de usar mantras, música, baños florales, con hierbas o con sal marina y aceite de olivo con sándalo.

Esta segunda opción luce más atractiva y fácil de hacer, aunque no es tan fuerte y transmutadora como la primera, pues no requiere del ejercicio de una mayor fuerza de voluntad con su consecuente cambio y elevación del nivel de consciencia.

Lo ideal sería combinar ambos métodos para la limpieza energética sexual.

Glenda González evolucionconsciente.org

14 de agosto de 2024

Enseñanzas modernas del Tao

Cuenta la leyenda que cuando Lao Tse (que en chino quiere decir “viejo sabio”) decidió abandonar su puesto de bibliotecario en la corte imperial para retirarse hacia las tierras del oeste fue detenido por el guardián de la muralla quien le dijo:

“no te dejaré seguir tu viaje hasta que no me escribas todo lo que sabes”-

Y así es como apareció el libro del Tao.

Vamos a ver cuál es la base del Tao y que nos puede aportar a nuestra vida un poco de visión taoísta.

Se dice que el Tao es un camino de alquimia interior, un camino iniciático y como tal no puede ser explicado, y menos por escrito, a todo el mundo, de manera que un verdadero maestro taoísta nunca lo haría, pero aprovechando que quien esto escribe no es más que un aficionado en busca de verdades prácticas que funcionen se va a hablar un poco de ello.

El taoísmo supuso en China la corriente opuesta al confucionismo de manera que vamos a empezar por ver el punto en que se encuentran y en el que se separan. Y ese concepto lo forma lo nombrado.

Todo lo que existe puede ser nombrado (tiene un nombre) y todo lo que tiene un nombre, existe. Vaya que, si mira a su alrededor todos los objetos, a todo lo existente le asociamos un nombre y viceversa, para que algo pueda tener un nombre debe existir.

Ahora bien, nombrar algo supone categorizarlo, es decir darle unos atributos pues una cosa que existe no puede ser algo y su contrario a la vez. Por ejemplo, si ponemos la categoría de justo al nombre “padre” no se le puede poner también la de “injusto”. En definitiva, todo cuanto existe, todo cuanto puede ser nombrado, tiene su contrario.

Para Confucio resulta importante o mejor dicho imprescindible, saber qué representa cada nombre, es decir cuáles son las características que se le atribuyen. Así si llenamos de contenido la palabra “padre” con los conceptos de: protector de los hijos, respetabilidad, magnanimidad, justicia etc., bastará que quien sea padre se dedique a cumplir con ese contenido y los mismo puede extenderse a todos los nombres. Para que la sociedad funcione es preciso que el padre sea “padre”, el hijo, “hijo”, el gobernante “gobernante” etc. suponiendo el entrecomillado las características asociadas a cada nombre.

Ahora bien, si busco un concepto por encima de los otros, digamos si queremos encontrar una especie de Absoluto, no podemos categorizar a este, no podemos darle cualidades concretas pues este absoluto no permite que haya contrarios ya que en este caso no sería la totalidad, en consecuencia, este Absoluto que engloba todo no puede ser nombrado, de ahí que nos diga el libro del Tao:

El tao que puede ser nombrado no es el verdadero Tao

Para ponerlo en términos más cercanos: el Dios Absoluto no puede tener contrarios. Esto lo dijo el filósofo cristiano Nicolás de Cusa ya en la Edad Media pero por nuestra cultura hemos seguido haciendo un Dios a imagen y semejanza del hombre, cargándolo de atributos. Hasta hemos hecho un contrincante a Dios en la figura del diablo y las religiones hablan de justicia divina para justificar lo que ellas creen es la justicia en la tierra sin mirar más allá que el concepto Dios no puede ser justo pues si Dios lo es todo en ese todo se incluye también la injusticia.

Dicho mal dicho, o de una manera poco exacta, el Tao sería similar al concepto de Dios en cuanto absoluto, pero sin darle los caracteres normativos de otras religiones. Incluso el mismo nombre de Tao es tan solo una triquiñuela cómoda para entendernos, pero no es una definición identitaria como a las que estamos acostumbrados en nuestro pensamiento.

Entender al Tao supone así situarse dentro de este absolutismo en donde los contrarios se tocan, en donde no hay opuestos. El bien y el mal no son más que conceptos relativos a algo y la historia de la humanidad nos lo recuerda en multitud de ocasiones. Hoy en día nos escandalizamos cuando en un conflicto bélico hay ataques a la población civil, pero hace algunos siglos era normal pasar a cuchillo al enemigo y hasta se celebraban las matanzas. Moralmente ahora es normal ver mujeres en topless en las playas, pero hace menos de medio siglo eso hubiera sido un escándalo. Y ejemplos de estos tenemos tantos como queramos buscar. En resumen, bien / mal son conceptos relativos y como el Tao está por encima de toda relatividad, es el absoluto, el taoísta no los considera.

Ahora bien, el taoísta va más allá y se da cuenta que si eso que hemos llamado para entendernos Tao lo es todo pues nada puede ser fuera de el mismo, nosotros somos expresión del Tao. Es decir que el principio de divinidad interior de la new age tiene unos cuantos miles de años de antigüedad. Y llegar a este punto es el proceso de alquimia interior. ¿Quién soy yo? No soy mi cuerpo, ni mis emociones, ni mis pensamientos. En consecuencia, quien llega a aceptar esto no se ve turbado por sus emociones y no porque carezca de ellas o las controle como proponen otras creencias sino porque está por encima de su individualidad, está por decirlo, en palabras que suenan más a los occidentales, por encima del bien y del mal. Menos aún le preocupa al taoísta la muerte, porque sabe que no es un cuerpo, y no se identifica con una individualidad.

Pero esa pregunta de ¿Quién soy yo? Que se ha hecho antes ha sido una trampa explicativa, en realidad un taoísta nunca se la formula porque para él ser y no ser son lo mismo. Pero para no perdernos en temas un tanto abstractos vayamos a ver el enfoque que le dan al hacer del hombre a nuestra actuación en este plano.

El taoísta no pretende escaparse de esta realidad mundana a pesar que pueda parecer lo contrario, sino que se dedica a observar y participar en el proceso del mundo. Y así se apercibe que las acciones se suceden en búsqueda de la armonía. En consecuencia, seguir el Tao es alinearse a favor de esta armonía y ello se consigue por dos principios:

– el wu – wei
– la espontaneidad

La palabra wu – wei ha sido traducida como “el no hacer” pero ello no supone una visión pasiva de la vida, sino el actuar en colaboración con esa armonía que persigue el Tao. Ello solo puede conseguirse cuando la acción es independiente del resultado y en ello se asemejan al Bhagavad-Gita con su principio de actuar sin deseo. Vaya que la acción virtuosa del ser humano no se mide por el resultado de lo perseguido sino por la propia acción que en función que lleve a la armonía se plasma en realidad y no lo hará en caso contrario, pero todo ello visto desde un enfoque atemporal, fuera del tiempo.

El taoísta es un ácrata, un anarquista pasivo, pues todo gobierno todo intento institucional persigue un fin concreto y si queremos imponer algo concreto estamos yendo contra el principio de armonía. En consecuencia, la visión de Confucio de regir la sociedad está totalmente en contra con el fundamento del taoísta. Ello explica que muchos taoístas fueran ermitaños, pero ello no es condición indispensable pues para el taoísta todo es correcto para llevar a la armonía y no hay norma alguna para fijarla.

En cuanto a la espontaneidad esa es la única manera de ser libres y como todo conocimiento define y limita el taoísta huye del mismo. De ahí que ni siquiera su doctrina o principios estén definidos de manera concreta, sino que cada uno debe extraerlos desde su espontaneidad. Es por ello que antes hemos empezado diciendo que un taoísta nunca escribiría sobre esto a nivel global y para todos, pero de la misma manera ningún maestro taoísta me diría que esto está mal, pues sencillamente el bien y el mal no existen y escribiendo desde la espontaneidad ya estoy en armonía con el Tao.

La espontaneidad es la única manera de ser uno mismo, el conocimiento es ser a través de los demás.

Habría por supuesto mucho más que decir sobre el Tao, como el concepto del vacío, pero vayamos ya al aspecto práctico que un enfoque taoísta puede dar a nuestras vidas.

Nosotros nos preocupamos por todo. Por la crisis económica del momento, por la salud, por los nuestros, etc. Un taoísta no se preocupa por nada. Sabe que la crisis no es más que búsqueda de la armonía después de locuras de crecimiento, sabe que nuestra salud es el ajuste de nuestro cuerpo a la búsqueda de la armonía interna (véase La enfermedad), sabe que los seres queridos tienen que vivir sus circunstancias propias ya que todo responde a la búsqueda del equilibrio y en consecuencia el taoísta NO TEME, vive sin miedo, aceptándolo todo. Y de esta manera ese enfoque le permite, dando una definición occidental, ser feliz.

Ser taoísta no es ser pasota, sino que permite aceptarlo todo (wu-wei), empezando por uno mismo (concepto de espontaneidad) y así vivir en un plano más allá del bien y del mal, por encima de juicios, circunstancias y limitaciones que simplemente no existen salvo en nuestra consciencia.

Fuente: espiritualidadpractica.org

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